12.3.10




Un punto (quién sabe, suspensivo)...
Espero que la parca me sorprenda
en la naranja tarde de verano
mientras los niños ríen, chapotean
en la piscina, del adiós ajenos,
libres, en su íntegra inocencia.

Tendida bajo un roble en una hamaca,
el vaso del café que tintinea
con el hielo, los párpados cerrados,
y en el regazo, un libro de poemas.
El olor a jazmín en mi reposo
y el eco de una voz tan compañera.

Mas ay, que sin embargo puede
que más funesta sea la contienda.
Puede que muera sola y apenada,
y más que vieja, cerca de los treinta.
Recubierta de excesos y nostalgias,
olvidos, colillas y cerveza.
Desamparada en mi tumba sin nombre
y una esperanza que se quedó a medias.

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