22.1.10

Arrebato (tango-étude 1)

Que te ibas, dijiste. Con una copa en la mano y cinco más camino del estómago. Cómo te iba a creer cuando dijiste, con los ojos rojos por el alcohol o por la luz o por los celos de mis ojos.

Pero te fuiste, claro que te fuiste. Dejaste incluso el abrigo. La embriaguez del tinto y del olor de su sexo te mantenían caliente, así que olvidaste el frío y me olvidaste a mí, tirada sobre la barra, junto a tu copa, junto a tu chaqueta de piel, junto a la herida del cristal de las lágrimas de vino que se derramaron con el primer golpe. Vino o sangre. Sólo sé que no dolió. Sólo sé que sonó un acorde y dos palmas sobre un cajón.

No pedí ayuda para levantarme, aunque me costó media canción. El camarero me negó el último trago y no pude enfadarme con él, porque todo mi odio era para ti, para la furcia del mantón y para su olor a juventud. Me volviste tan loca que bailé, me arranqué a bailar como se baila un tango. Arrebatada, dolida, muerta de amor.



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